Maria Ozawa
Maria Ozawa salió de Hokkaidō y se convirtió en una de las caras más reconocibles del AV japonés. Sus años de actividad registrados van de 2002 a 2010, ocho temporadas en un negocio que suele gastar a la gente en dos. El nombre de la portada no siempre era el mismo. También trabajó como Miyabi, y como Maria O y Maria Ondarra, una costumbre que la industria japonesa siempre ha tolerado y a veces ha fomentado: un segundo nombre permite reencuadrar la carrera, llegar a otro estante o vender otra idea de una misma. Pocas llevaron tantos.
Físicamente nunca fue del tipo exagerado. Mide 1,62 m y rondó los 48 kilos durante los años que constan, con unas medidas de 86-54-89 y un pecho 34C natural. Las proporciones están cerca de lo corriente, y ahí estaba parte del atractivo: ojos marrones, melena larga y lisa negra, un cuerpo delgado que se leía más como vecina que como fantasía construida. Mantuvo el vello púbico, y las fichas lo dicen sin rodeos: bush junto a toples, frontal completo y pink en el registro de lo que mostraba. En una época que empujaba hacia lo depilado y lo pulido, ese detalle era una firma.
El repertorio de escenas es amplio y sin matices. Su trabajo chico-chica cubre felaciones, vaginal, anal, doble penetración y corridas internas, el menú hardcore completo en lugar de una especialidad. Con mujeres se quedaba en lo suave: softcore, con los dildos haciendo casi todo. El material en solitario es masturbación, sin juguetes en la ficha. Los especiales son donde se ve el alcance: bondage, bukkake y watersports, tres categorías que piden cosas muy distintas a una intérprete y que rara vez conviven en el mismo currículum. Esa dispersión es típica del sistema de ídolos del AV, que metía a sus estrellas en todo y esperaba que salieran compuestas.
Lo que hace legible la carrera es su forma. Ocho años, una ventana que se cierra, ningún regreso registrado y una filmografía que pasó por un sistema construido sobre el volumen. Fue un ídolo del AV en el sentido japonés exacto: una intérprete de contrato cuyo nombre vendía el vídeo antes de que nadie preguntara quién dirigía. Las medidas, los alias, las categorías de escena y los años están reunidos aquí en seis idiomas, el mismo registro en cada uno, para quien viene a ver el trabajo.